Viernes 30 de Abril
Abriendo el primer día, tras una tarde lluviosa, me decanté por empezar con Hola a todo el Mundo que hicieron alarde de su folk rock para dejarnos a todos con un buen sabor de boca, buenas vibraciones para alejar las nubes aunque se le quedaba corto y quizás pequeño la carpa Caixanova, acto seguido dejaron paso a Klaus & Kinski, primera vez que los veía en directo y no mentiré, decepción, se mostraron un poquito distantes del público, tocaron escasos 45 minutos donde cayeron temas como Carne de Bakunin y demás parafernalia de su último disco "Tierra Trágalos" que consiguieron animar al público un montón y dejarnos con ganas de más.
Cerrado ya el escenario Caixanova, nos movimos a ver la actuación de Munich, no conocía a los vigueses y he de decir que tienen bastante presencia sobre el escenario pero sonaban demasiado parecidos a Editors y tenían un rollo demasiado "brit" lo que les restaba originalidad, aún así, nadie nos privó de bailar y disfrutar con ellos. Dorian dió un recital muy muy parecido a lo que comentamos en nuestro post de su despedida en Madrid, más de lo mismo en diferente escenario y es que los catalanes han ido de más a menos para mí y ya no me convencen tanto como solían.
45 minutos después (me parece muy poco tiempo para los primeros grupos) salieron al escenario Fanfarlo, los británicos salieron enchufados y fueron casi sin duda, uno de los mejores grupos del Viernes, pura entrega, muy buen rollo y un sonido impecable rompiendo el escenario incluso para la gente que les desconocía, "The Walls are coming down" sonó épico, finalista y digno de ser mencionado. El plato fuerte de la noche venía con Nada Surf los cuales versionaron y dieron un espectáculo que no fue muy allá, apenas acorde a lo que se espera de un cabeza de cartel, su papel lo asumieron We are Standard que dieron un conciertazo, energía punk para acabar la noche y retirarnos para descansar.
Sábado 1 de Mayo
Tras una noche de tormenta llega la calma y con ello una tarde de calor que me tostó literalmente, descansados y soleados para recibir la noche, me salté tanto a Carrero Bianco, como a La Bien Querida, no son grupos que siga y preferí quedarme tirado en el campamento base sinceramente.
Empezó la velada con Nudozurdo a las 20.45 y dieron un conciertazo que consiguieron que me deshiciera en halagos hacia su directo, nunca les había visto y aunque sólo tuvieron 40 minutos y tocaron 6 temas de Sintética, me dejaron con un sabor de boca increíble, chapeau para ellos y mal para la organización por dejarles un tiempo escaso y encima con problemas de sonido, así no... Los siguientes sobre el escenario fueron Pete & The Pirates, gustaron al público, el cantante fue simpático, animaron el concierto con palmas, coros, bromas sobre la pronunciación española pero musicalmente sólo salvaría un par de canciones incluyendo la clásica "Mr. Understanding".
Aquí llegan los que para mí fueron el mejor grupo del festival a pesar de estar enmarcados en un momento que su música no pegaba NADA. jj consiguieron meterse al público en el bolsillo ante un ambiente adverso y lleno de fans de Los Planetas, voz increíble, simpatía a raudales y cover de Nirvana incluido, para algunos un petardo, para mi escuchar "From Africa to Málaga", "Ecstasy" o "Things will never be the same" fue un lujazo, diamantes para cerdos como diría alguno. El relevo se lo tomaron Los Planetas que dieron un espectáculo cojonudo, más allá de su Ópera Egipcia, totalmente entregados con el festival según me comentó la gente, yo me mantuve en la parte de atrás observando ya que entre los Planetas y yo no hay feeling y nunca me ha enganchado su música. Para cerrar africanismo, buen rollo y ritmos tropicales de El Guincho, toda una fiesta.
Fotos de paragustoscolores
Retomamos el asunto, directamente. Nos quedamos en el sábado por la mañana: duro amanecer. Decidí no hacer nada de nada y prepararme para la noche venidera, comiendo, relajado, y paseando por esta nueva ciudad acogedora de nuevos aires… Recojo a mis amigos y nos perdemos un poco por el centro. Muchísimo calor y sol, agradable brisa. Venga cañas, venga tapas. Sin poder aguantar ni un segundo más la dura vida que llevo, me dirijo a… otro restaurante, el de la comida definitiva, tras 4 horas de aperitivos. Justo acabamos de comer, comienza un diluvio universal de los que piensas que no se va a salvar ni Noé. En efecto, me voy al recinto a pie (me encanta mojarme), y descubro desolación. Todo desierto, la gente refugiada en el auditorio, con caras de “Y este tío?!” y “se acabó el SOS :( ”… En absoluto. De repente deja de llover, sale un sol abrasador, todo comienza a evaporarse, nuestra piel inclusive, y rápidamente el recinto se vuelve a llenar de gente. Ninguna cancelación, ningún problema, todo perfecto. Bueno, al grano. Me perdí por ahí hasta bien entrada la tarde…
We Are Standard nos ofrecieron un poco más de lo mismo de siempre, que no es que sea malo, en absoluto, todo lo contrario. Algún tema acústico, y sobretodo, bastante ruido, sus ritmos y el comienzo del buen ambiente festivalero. De aquí, visitilla a Madness (era obligatoria). Tampoco hay mucho que contar de ellos, pues ya son algo legendarios. Un fiel directo y canciones que todos conocemos, a pesar de que el grupo en sí tampoco sea demasiado conocido…
Tras esto, mis amigos me obligaron rotundamente a ver lo que quedaba el concierto de Love of Lesbian, pero como los detesto y me aburren sobremanera, no tengo mucho que comentar acerca. De ahí, me presentaron a Orbital, grupo desconocido para mí, que me sorprendió bastante. El concierto muy divertido y entretenido, a pesar de no poder hablar acerca del repertorio por mi ignorancia, pero fue una grata sorpresa descubrirlos allí y como gran preámbulo de lo que quedaba por venir: Chris Cunningham. Tuve, de un modo muy afortunado y repentino, el placer de conocer a un individuo realmente experto en la biblio y videografía de C.C., con lo que os podéis imaginar lo bien acompañado que estuve durante el concierto. Al margen de la compañía de tal melómano el “concierto” me dejó flipadísimo. Tuve una precisa explicación de cada cosa que sucedía en las reproducciones, cualquier simbolismo y detalle, con lo que realmente disfruté tal espectáculo. Fue bastante intenso desde el principio, con una atmósfera bastante tétrica realmente conseguida, hasta el final, sabiendo mantener la tensión por medio de las imágenes y la música con la que estaban acompañadas. Llegó a revolverme por dentro, de ese tipo de nerviosismo que no puedes controlar porque no viene de dentro, si no de fuera… En fin, un 10 a Cunningham.
Para acabar, como no podía ser de otro modo, Fatboy Slim nos hizo perder la cabeza casi literalmente (temía que en cualquier momento la mía saliera despedida…) hasta el cierre del festival. Más de lo que todos conocemos, pero con buenas mezclas, y lo que por aquí llamamos “buena tralla”…
Para acabar, hablando en términos bastante generales, quiero comentar que el festival, como propuesta lúdica, es bastante plausible, sobretodo por el hincapié que ha hecho la organización, que considero TAN importante, en temas de ecología y sostenibilidad. Por dar un simplísimo ejemplo, recogiendo 20 vasos de plástico del suelo, te regalaban una camiseta. Propuestas sencillas que tienen éxito y que hacen que poco a poco todos nos vayamos concienciando un poquito. Bravo al festival por la organización de las conferencias, exposiciones, la gestión del programa completo y la previsión de imprevistos. Mi queja personal: si pides un ibuprofeno en la asistencia médica, no pueden darte una aspirina…¬¬
Os animo a ir a los que podáis a próximas ediciones, ya que intuyo que se va a ir convirtiendo en algo más grande (y sí, lleno de guiris).
Gracias al blog por invitarme a croniquear, y hasta más ver ;)
Bueno, para comenzar a relatar mi incursión en el evento, explicaré a priori que soy extremadamente quisquilloso, y por el hecho de tener la posibilidad, no me trago cualquier cosa, por una parte, y por la otra, que de tantas cosas que quiere uno hacer, llega a la mitad. Aún así, estoy más que satisfecho: aparte de una conferencia acerca de arquitectura sostenible, que se convirtió en algo muy agradable por el hecho de asistir con una amiga estudiante de ello que me explicó todo debidamente, me dediqué a merodear por dentro y fuera, y tener claro cómo quedaban repartidas las instalaciones. Como fui a gastos pagados, me cegó la codicia de cenar en algún restaurante, y no aparecí por el recinto hasta empezada la noche, cuando unos Planetas daban su peculiar y popero (¿downtempo?) brillo a la noche, iluminada, por cierto, por un globo gigante de Jack Daniels que todos confundíamos con el satélite terrestre. Hacíamos tiempo, en realidad, nerviosos, incluso excitados, en el sentido más sexual de la palabra, de la cuenta atrás para ver a Ethan Kath y Alice Glass, aka Crystal Castles. Esto es algo para lo que realmente no tengo palabra. Perdí la cabeza por completo, tanto que me da la impresión de haber volado en el concierto. La banda interpretó sus temas más conocidos del primer álbum, y alguno del segundo, pero en absoluto tuvo importancia alguna el repertorio. El juego de luces, y digo juego, por el acostumbrado uso de la oscuridad, vehementemente acorde con la melaconlía de sus letras y ritmos apoyados en sus directos lo-fi, lo convirtieron en algo de lo que me siento realmente afortunado de haber presenciado. Soy incapaz de expresar la adrenalina que removieron en mi interior, entre los efectos ya mencionados, la electrónica no renderizada y la impactante voz de Glass y sus gritos. De hecho, cuando en uno de sus temas más conocidos, se lanzó al público, gritando y mirando como una posesa a su público que nos hallábamos en ese momento debajo de ella literalmente, sentí que me desfallecía. La mole de público de alrededor hizo el intento de acercarse para tocarla, y los que estábamos ahí enloquecíamos mientras nos asfixiábamos. Fue realmente increíble. La actitud de Alice se mantuvo, tal y como nos tiene acostumbrados, entre esa sinérgica tristeza gris y esa reivindicación exuberante, y no me permitió parar ni un solo segundo, desapropiándome de mi sentido de la realidad.
¿Sabes de esa sensación de tener que olvidarte de algo porque te resulta imposible? ¿Y que de repente, por un golpe de suerte las cosas se arreglen? Pues eso nos pasó con el concierto de Marlango. Dos entradas aparecieron, como por arte de magia, y el hechizo se mantuvo durante toda la noche.
Esperamos atentos y observamos encantados la guirnalda de bombillas que adornaba el escenario, con un estilo que nos recordaba a las fiestas populares más sencillas y acogedoras. Se encendieron los focos y entre aplausos aparecieron Leonor Watling y sus ilusionistas musicales, preparados para hacernos volar con sus canciones.
Grata sorpresa se escondía detrás del nombre de actriz, que nos embrujaba con su gran voz. Leonor, enfundada en su vestido rojo, nos mostraba su lado más romántico y ensoñador, y a veces, enseñándonos sus botas calzadas, dejaba escapar su lado más rockero con algunas de las canciones más movidas del grupo.
El otro maestro de ceremonias era el pianista. Empeñado en interactuar con el público, consiguió que participáramos y disfrutáramos, haciéndonos escuchar, complacidos muchas de las canciones que pedíamos.
Y así fue cómo escuchamos Life In the Treehouse, el último disco de Marlango, y alguna versión que hicieron en español, probablemente lo que más se echa de menos de esta particular banda que intenta mantenerse en su estilo sin rendirse a las facilidades más comerciales.
Tras una amenaza de despedida no nos hicieron esperar demasiado y reaparecieron listos para poner la guinda del pastel con "The long fall", el single de su último disco. Todo el auditorio en pie inundó la escena de aplausos, estaban merecidos. Abrimos los ojos y sonreímos, por recordar que no había sido un sueño, sino un encantamiento que habíamos logrado aprovechar.
Polanski le da al clásico argumento “sociedad vs. político” un toque magistral creando un ambiente oscuro, con una trama que se cocina lentamente desde que empieza la película hasta que termina con un final totalmente desorbitado y demente, propio del director francés. Los ambientes están cuidados al milímetro, la velocidad puede pecar un poco de lenta pero muy bien ligada y los actores, especialmente Ewan McGregor hacen un papel al detalle que hace que vivas cada uno de sus movimientos. 7.5/10